Cada uno es su propio guía (2)
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(Continuación de la entrega anterior)
★Sobre no reconstruir uno mismo, sino preparar un entorno en que la humanidad pueda levantarse por sí misma
Y esas personas saben muy bien que, partiendo de haber revivido ellas mismas como humanidad divina, hacer que se levante el corazón de la mucha humanidad cuya conciencia todavía no ha llegado a la etapa de la divinidad es, precisamente, la importante obra de cimentación que hay que realizar primero, por encima de cualquier otra cosa.
Esa obra de cimentación no consiste en que quienes han regresado antes a la etapa del reino divino intenten reconstruir por su cuenta, sino en construir un entorno vibratorio en que a cada ser humano le resulte fácil levantarse por sí mismo (independizar su alma), es decir, en impulsar la espiritualización de la Tierra.
Y el método para espiritualizar el entorno vibratorio de la Tierra es que quienes han revivido un paso antes como humanidad verdadera vivan manifestando en su vida diaria pensamientos, palabras y actos de amor, verdad y perdón.
Puede que pienses «¿solo eso?», pero escucha bien lo que sigue.
Mientras hacen eso, la conciencia (la vibración espiritual) de esas mismas personas empieza a espiritualizarse; luego la vibración material a su alrededor (todo lo que existe en el espacio) empieza a espiritualizarse; se llega a espiritualizar toda la región en que viven; y con el tiempo, dentro de ese entorno vibratorio, la luz de la vida empieza a hacerse manifiesta en el corazón de las personas que solo daban abasto para proteger su propia vida (la verdad revive en el corazón de muchas personas).
Cuando eso ocurre, el corazón de la gente empieza de forma natural a aspirar a la evolución de la conciencia.
Y a partir de ahí, como fichas de dominó que caen una tras otra en cadena, las regiones espiritualizadas se van extendiendo más y más por la Tierra, los hábitos de pensamiento egocéntricos se van diluyendo en el corazón de quienes las habitan, y con el tiempo todos pasan a una verdadera manera de vivir de ayuda mutua (una manera de vivir que manifiesta la divinidad), en que se dan vida y se elevan unos a otros.

Lo importante no es reconstruir la manera de ser, sino hacer que se levante.
Dicho con otras palabras, no es reconstruir la sociedad, sino hacer que la sociedad se levante; no es reconstruir la manera de vivir de los demás, sino hacer que su manera de vivir se levante; no es reconstruir los sistemas, sino hacer que los sistemas se levanten.
Todo eso solo se puede lograr cuando cada ser humano procura la independencia de su alma.
Nadie puede sustituir (representar) a otro en su levantarse.
Como siempre digo, cada uno es el creador de su propio destino.
La verdad definitiva es algo simple y claro.
Lo que la propia persona piensa «no puedo, seguro que es imposible» no puede hacerlo, y lo que piensa «puedo, lo voy a lograr» se cumple sin falta.
Por mucho tiempo que lleve. (Continúa en la próxima entrega)






