Para el día en que todas las personas despierten a la verdad (primera parte)
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Para que todos puedan caminar por voluntad propia el camino de la evolución de la conciencia
Lo que se sabe al medir el estado de ánimo de la humanidad que hoy vive en la Tierra es que más de la mitad de las personas de las distintas regiones del mundo todavía no logran desprenderse de las viejas ideas.
Para abrir los ojos del corazón de esas personas y hacer que puedan caminar por voluntad propia el camino de la evolución de la conciencia, no basta con velar por ellas, y solo con sermones difícilmente se les llega al corazón.
A decir verdad.
Una parte de esas personas, con la espiritualización de la región en que viven, verá revivir y destacarse la verdad en su interior, activará su fuerza de voluntad espontánea y, sin que nadie las obligue, empezará a caminar por el camino de la evolución de la conciencia; pero el veinte o treinta por ciento restante no logra desprenderse de la conciencia negativa.
Para despertar el corazón de esas personas de su largo sueño hacen falta la fuerza irrefutable de la ciencia de la gran armonía y la fuerza de manifestar el misterio de la vida.
Decir «no le encuentro ningún valor a la evolución de la conciencia» significa estar en un estado en que el sol del corazón (la luz de la vida) está cubierto por los nubarrones de la vibración kármica, y la divinidad del ser humano ha quedado casi oculta.

Así, por ejemplo, si la capacidad científica de la Humanidad Cósmica se despliega en el mundo de la Tierra y se repite el ver con los propios ojos o el experimentar que las armas y municiones, con las nucleares a la cabeza, quedan neutralizadas, que toda toxina y contaminación se neutraliza y desaparece, que la contaminación del agua y del aire se purifica y revive en un abrir y cerrar de ojos, o que cuando una persona agresiva intenta hacer daño a alguien que ha despertado a la verdad ese ataque no surte ningún efecto, entonces, se reconozca o no, se quiera o no, no habrá más remedio que reconocer la existencia real de la capacidad científica del universo y de la fuerza de la vida, ¿verdad?
Además, si el abuelo o la abuela, el padre o la madre, los hermanos o los amigos que murieron antes que ustedes aparecieran y se viera que también en el mundo después de la muerte viven llenos de vida; si la figura de todos los muchos dioses y buenos espíritus que habitan el mundo divino y el mundo espiritual de la Tierra se viera con los ojos físicos; o si nosotros, la humanidad de otros planetas, a la que el mundo llama hermanos del espacio, apareciéramos en masa ante el público y pudiéramos hablar y entendernos con cuerpos de la misma esfera vibratoria, se podría cambiar en gran medida también el reconocimiento de quienes, arrastrados por los pensamientos habituales, han perdido de vista la verdad, ¿verdad?
Por ponerlo de forma exagerada: si al disparar una pistola salieran flores, si al disparar un cañón volara confeti por el cielo, si al apuñalar con un cuchillo este se volviera transparente y no se clavara, si al intentar herir a alguien la mano se detuviera de golpe, si al ir a soltar un insulto no salieran las palabras, o si al albergar un pensamiento negativo un zumbido en los oídos sirviera de alarma para avisar de que uno se está desviando de la verdad, entonces, por mucho que alguien haya vivido apartado de la divinidad, si lo experimentara una y otra vez, todos, tarde o temprano, despertarían y revisarían de forma natural su manera de vivir, ¿verdad? (Continúa en la próxima entrega)







