Para graduarse de los malentendidos en que es fácil que caigan las buenas personas-1
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El estado de la autocomplacencia
Las personas verdaderamente buenas tienen un punto en común: «un corazón alegre sin fondo».
Pero en el caso de alguien de quien se dice «esa persona es buena, pero no sé, no transmite alegría», ha reforzado firmemente su armadura con un blindaje teórico de creencias, construye un muro invisible entre ella y los demás, y se enfrenta incluso a la sociedad y al mundo.
Puede decirse que es un estado en que el corazón no consigue ser libre, endurecido en pensamientos del tipo «debería ser así» o «tiene que ser de tal manera».
Por eso la alegría sin fondo no sale a la superficie, y el corazón está siempre nublado por críticas y reproches innecesarios.
Entre las personas a las que tanto ellas mismas como los demás reconocen como buenas hay, más de lo que se pensaría, muchas así.
En esos casos, como la propia persona está firmemente convencida de que «así está bien», le cuesta mucho salir de ese estado.
Se suele decir que «no se puede cambiar a los demás; lo único que se puede cambiar es a uno mismo», ¿verdad?
Esa es la verdadera Verdad Universal.
Pero en el «estado de autocomplacencia» en que es fácil que caiga el ser humano, a esa Verdad Universal se le pone un filtro y se tergiversa la verdad.
Así: «Es posible cambiar a los demás. Hay que cambiar a los demás cueste lo que cueste».
Ese es un estado en que actúa un «sentido de la justicia autocomplaciente», y precisamente esa creencia es la que construye un muro invisible entre uno y los demás, y estorba la unidad fundamental con la sociedad y con el mundo entero.

Conocer de verdad al ser humano
Los ideales de «tiene que ser así» o «debería ser de tal modo» tienen la fuerza de hacer evolucionar la conciencia de la persona que emite ese pensamiento hasta cierto nivel, pero si uno se ahoga en ese pensamiento, olvida la verdadera humildad y acaba atando a todos y cada uno con un «así debería ser».
Lo digo siempre: los pensamientos, palabras y actos que manifiesta una persona tienen cada uno una causa clara por la que los ha hecho.
En la Tierra se forman por todas partes tornados de evaluación de los demás, «¿por qué esa persona hace algo así?», pero eso viene de que todavía no se conoce bien al ser humano.
Entonces, la cuestión es qué hacer para conocer al ser humano, ¿verdad?
Vamos a pensarlo.
¿Qué crees que hay que hacer para conocer de verdad al ser humano?
Eso es: conocer la vida, y para eso, «conocerse bien a uno mismo».
Siempre digo que, de los pensamientos que se sienten hacia los demás, «los del tipo que sacuden las propias emociones» son, todos sin excepción, la propia falta de armonía reflejada tomando a los demás como espejo, ¿verdad?
Eso es de verdad un simple hecho, y hasta que no se pueda reconocer como hecho, las nubes del corazón de esa persona no se despejarán.
El ser humano, en realidad, es algo que alberga una conciencia amplia, grande y profunda sin límites, como un cielo despejado.
Pero la persona en quien las diversas creencias se han reforzado hasta poder llamarse convicciones tiene esos hábitos de pensamiento cerniéndose como nubarrones sobre el cielo del corazón, y simplemente ha olvidado un poco la manera de ser original de ese corazón amplio.
(Continúa en la próxima entrega)







