Abracémonos a nosotros mismos
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◎ Quien cree que «ve u oye espiritualmente» tiene que pasar por la etapa de entregar todas esas sensaciones a sus Espíritus Guardianes y seguir negándolas: «no necesito esta clase de poder». Eso es el saniwa, el discernimiento de los espíritus.
◎ Hay personas que, cuando un médium les dice «usted es así, por lo que tiene que hacer tal cosa», ven perturbada la paz de su corazón. Conviene saber que las palabras que perturban la paz del corazón de otros no proceden de verdaderas Deidades.
◎ Si al tocar esas palabras uno siente que «le han perturbado el corazón», puede tomarlo como ocasión para poner en orden su propio interior. Lo sagrado, que es el corazón original del ser humano, no se perturba por las palabras y actos de otros.
◎ Los poderes espirituales y las profecías procedentes de seres de estratos bajos tienen la característica de hacer brotar inquietud y miedo en el corazón de las personas. Quien hace esas cosas, como no conoce el aspecto de los mundos superiores al lugar donde está el ser del otro mundo con el que está conectado, se confunde creyendo que eso es la única y absoluta verdad.
◎ En la era de la ascensión, en que todos están pasando a la resonancia del mundo espiritual, aparecerán muchas personas que se confundan así; por eso, sin pensar jamás que lo que uno cree es absoluto, esforzarse por manifestar en uno mismo el amor, la armonía y la Verdad Universal, que son la verdad de la vida, y pulirse y elevarse con humildad.

◎ Si la longitud de onda de nuestro corazón no se hace completamente una con la longitud de onda de las Deidades, no hay verdadera salvación.
◎ Si el yo físico mismo vuelve a un cuerpo y mente de vibración pura, igual que el cuerpo espiritual, el ser humano puede vivir trascendiendo todo sufrimiento.
◎ Sin culpar a nadie del sufrimiento, decidamos serenamente en el corazón mirar nuestro propio interior y superarlo.
◎ Como la causa de toda desarmonía está en la discordia, en las asperezas entre los distintos yoes del fondo del corazón, contemplemos a esos yoes desde el punto de vista de la vista de pájaro y abracémoslos.
◎ Sin negar a ningún yo, abracémoslo con el amor verdadero del tamaño del universo. Quien piense que no puede hacerlo, que repita en cada ocasión el acto de abrazarse a sí mismo con los brazos del cuerpo físico.




