La llave de la felicidad: ha llegado el momento de establecer tu propio centro
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Las personas que no están conectadas con el centro de su propia vida siempre están lanzando algún tipo de exigencia hacia los demás, ¿sabes?
Siempre esperan algo de los demás, y nunca dejan de querer algo de ellos.
«Reconóceme», «Valórame», «Fíjate en mí», «Ámame»…
Como el centro mismo de su corazón queda completamente abierto y vacío, siguen extendiendo las manos hacia fuera, cada vez más lejos, intentando que alguien llene ese hueco.
«¿Por qué no me entiendes?»
«¿Por qué no te vuelves a mirarme?»
«¿Por qué no escuchas lo que te digo?», gritan.
Pero en este mundo apenas hay personas que se muevan justo como alguien quiere, así que quienes no viven conectados con lo más profundo de su propia vida se retuercen de frustración ahí mismo.
Al fin y al cabo, la otra persona tiene su propia vida, sus propias circunstancias y su propio camino que recorrer.
Cada uno vive como protagonista de su propia vida, así que no hay en ninguna parte actores que se muevan justo como los demás esperan.
¡Cuántas personas en la Tierra están atrapadas en ese remolino de quejas y descontento, dando vueltas frenéticamente!
Ese remolino gira en los hogares, en los lugares de trabajo e incluso entre las naciones.
Buscan y son traicionadas, y una vez traicionadas, vuelven a buscar en otra parte.
En medio de esa repetición, esas personas se agotan cada vez más, y pierden de vista incluso lo que de verdad querían.
Tú también eras así antes, ¿verdad?
Una sola palabra de alguien sacudía tu corazón, y una sola actitud de alguien podía hundirte, o hacerte flotar en las nubes, durante todo el día.
Siempre dejabas en manos de otra persona la llave de si podías ser feliz.
Pero eso nunca fue porque hubiera algo malo en ti.
Simplemente aún no sabías que la respuesta está dentro de ti.
Precisamente porque has saboreado hasta el fondo el sufrimiento de que las cosas no salgan como quieres, ahora estás empezando a buscar la verdadera respuesta.
Eso mismo es la prueba de que tu vida está empezando a despertar.

La verdadera paz no viene de fuera.
En lo profundo de tu vida, un manantial que nunca se seca ha estado brotando desde el principio.
Cierra los ojos en silencio y dirige tu conciencia a lo profundo de tu pecho.
Allí, tu propia luz, que nadie puede quitarte, debería estar brillando con firmeza.
Ese manantial no brota porque alguien te haya reconocido, ni porque hayas logrado algo.
Estás viviendo aquí siendo tú.
Solo por eso, sigue brotando sin fin.
Cuando las personas se conectan con esa luz, por fin dejan de exigir cosas a los demás.
Porque se dan cuenta de que, aun sin buscar, ya están plenas.
Y las personas que están plenas se transforman entonces, de forma natural, en personas que dan.
Aunque la otra persona no te entienda, aunque no se vuelva a mirarte, la lámpara de tu corazón no se apagará.
Por eso, en lugar de culpar a la otra persona, llegas a poder respetar su vida tal como es.
Cuando esas personas aumentan, una a una, el remolino de quejas y descontento se calma, y toda la Tierra avanza hacia una armonía apacible.
Ahora, ha llegado el momento de establecer tu propio centro.
No pendientes de cómo te miran los demás, sino escuchando atentamente la voz de tu propia vida, caminemos hacia delante paso a paso.
Porque todos y cada uno de esos pasos, sin duda, te cambiarán a ti, y también al mundo.







