El verdadero significado de que hombre y mujer vivan juntos, visto desde el punto de vista espiritual (5/7)
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(Continuación de la entrega anterior)
★Para hacer evolucionar la propia relación de pareja, de una relación de dos a una relación de unidad
En ese sentido, se puede decir que la mujer, con solo que se den las condiciones, en la medida en que puede tener la experiencia real de albergar y formar en su cuerpo físico a un nuevo ser humano, darlo a luz y criarlo, toma conciencia más fácilmente del corazón creador del universo, padre y madre de todo, que hay en su interior.
Aquí quiero que tengan cuidado: no se puede afirmar que un hogar en que la esposa no puede tener hijos, o en que hay una anomalía en el esperma del marido y no son bendecidos con hijos, no esté cumpliendo el papel que le corresponde como seres humanos.
Este es un punto importante, así que no piensen de forma estereotipada «tiene que ser así».
Los matrimonios sin hijos tienen la importante misión de dedicar al servicio de la sociedad humana la fuerza que sobra por no dar a luz ni criar hijos, y de cumplir la misión de cada uno ofreciendo y poniendo a trabajar su cuerpo y su mente por la compleción del mundo de la Tierra.
Que un hombre y una mujer se casen y no tengan hijos no significa en absoluto que sean un matrimonio incompleto, así que no se equivoquen en ese punto.
El papel de cada ser humano, visto individualmente, no es en absoluto uniforme.
Visto a grandes rasgos se puede decir que es tal cosa, pero visto individualmente, en realidad hay tantas maneras de ser y de vivir como personas.
Por eso, cuando oigan una charla como esta, no se juzguen a sí mismos solo por los grandes rasgos de los que hablamos; pregunten su propia misión a la luz de su propia vida.
Como esa respuesta aparece siempre como primera intuición, cultiven un estado de ánimo capaz de captar la primera intuición en un instante, saliendo del hábito de pensamiento del pasado de darle vueltas «que si esto, que si aquello» y angustiarse sin fin.

Y como dije al principio, voy a hablar desde otro ángulo de hacer evolucionar la relación del matrimonio desde una manera de ser de dos hacia una manera de ser de unidad.
Aquí, «de dos» se refiere a la figura que todavía no ha llegado a la armonía completa, y «de unidad» a que, al disolver las diferencias mutuas, las virtudes y defectos y las habilidades y torpezas de cada uno se mezclan de forma armoniosa, la personalidad de cada uno de los que se aman pierde sus aristas y gana madurez, y evolucionan hacia seres humanos más armonizados.
Cuando la humanidad de uno se profundiza, sin necesidad de tramar cómo mejorar la superficie, gracias a la fuerza del alma que emana desde dentro, se llega a abrir camino en la vida con vigor.
Y sin correr a dejarlo en manos de otros ni a rogar a los dioses, se puede crear con las propias fuerzas el destino que se desea.
Lo que muchas personas de la Tierra han venido haciendo hasta ahora es intentar mejorar la vida superficial mientras abandonaban e ignoraban el esfuerzo por armonizar su propia relación.
Eso, en los deportes, sería como intentar mejorar en un deporte sin adquirir lo básico; se entiende que es difícil progresar, ¿verdad?
Que muchos matrimonios han venido haciendo algo parecido: esa ha sido la tónica general de las relaciones matrimoniales hasta ahora.
Pero de aquí en adelante, todos los matrimonios del mundo llegarán a volcar sus fuerzas en armonizar su propia relación.
En unos casos será por haber despertado a la verdad, y hay también el aspecto de que, con desastres naturales, guerras o atentados, se den cuenta de lo valiosa que es la existencia del otro, se aprecien y se consideren mutuamente más que nunca, y así se vaya procurando la armonía del yin y el yang. (Continúa en la próxima entrega)






