Para cultivar los ojos que ven la verdadera realidad
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★Lo que queremos que sepan
Lo que nosotros queremos que ustedes sepan es que la realidad que conciben los seres humanos de la Tierra, pegados a la superficie del planeta en que viven y creyendo que el mundo que se refleja en los ojos físicos lo es todo, y la realidad que ve la Humanidad Cósmica, que sabe que cada planeta tiene diversos cielos y tierras de dimensión espiritual y que la civilización se construye en el mundo fenoménico de su extremo (= el estrato dimensional más alejado de la energía de la raíz del universo), son fundamentalmente distintas. (En realidad, el cielo y la tierra fenoménicos de muchos planetas se han espiritualizado y ya han construido civilizaciones de dimensiones superiores. Por eso, aunque se envíen naves espaciales a explorar otros planetas, no se encuentra ni un alma.)
Y si preguntan cuál es esa gran diferencia, se reduce a un único punto: «si se reconoce o no, a vista de pájaro, el panorama completo del principio de la vida que se despliega en el gran universo». El corazón de los terrícolas hasta ahora ha olvidado la realidad verdadera de que la conciencia, aun después de dejar el cuerpo físico, sigue trabajando llena de vida, cambiando de forma, en otros estratos dimensionales; por eso, hasta ahora solo ha podido tener un campo de visión realmente pequeño, y ha tendido a un pensamiento y un planteamiento miopes, como quien mira solo la piel de la planta del pie y piensa «esto es el ser humano entero».
Ya he repetido muchas veces que evolucionar en conciencia es lo más importante de todo, pero el corazón humano, hasta que el nivel de conciencia se profundiza, queda atrapado sin remedio en los intereses y las ganancias o pérdidas inmediatas, y no puede responder conforme a la verdad después de ver la verdadera realidad.
Es, por comparar, como la diferencia abismal entre el campo de visión de quien mira desde el pie del monte Fuji y el de quien sube a la cima y contempla el panorama; aunque no sea la cima, incluso en la quinta o la séptima estación la vista se amplía mucho, ¿verdad?
Sin embargo, al fin y al cabo, si no se sube hasta la cima no se puede mirar en todas las direcciones y reconocer con exactitud la situación actual; así que no hay que contentarse con la situación actual, no hay que perder la humildad, y es necesario mantener siempre el afán de superación que aspira a cotas cada vez más altas de evolución de la conciencia.

★Lo importante es
Lo importante para seguir orientando el ángulo de la conciencia en esa dirección es dirigir los pensamientos a la raíz de la vida y unificarlos en ella, contemplar y abarcar los diversos estratos dimensionales desde el campo de visión profundo del lado que lo creó todo, procurar la armonía de todo espíritu y toda materia, y tener la conciencia de ser parte responsable de gobernar en concordia a todos los seres vivos y a la naturaleza.
La humanidad que habita los planetas que ya han construido una civilización espiritualizada es consciente, toda ella, de que cada uno está unido a los demás en la raíz de la vida.
Por eso, la sabiduría de la creación del universo que todos comparten, cada uno la manifiesta según sus dones naturales y, cooperando, se dedican a la actividad de crear un cielo y una tierra cada vez mejores.
Solo al llegar a eso, la humanidad cumple el significado de haber nacido y su misión se cumple en gran medida.
Si se lee este principio en voz alta una y otra vez, y según el caso se copia muchas veces, hasta elevarlo a palabras que brotan de la propia vida, la conciencia del ser humano físico escapa de la prisión de los pensamientos emocionales y puede recuperar la total libertad de crear el destino conforme a la verdad mediante la conciencia divina.
Solo al llegar a eso se puede estar en la línea de salida como ser humano (como «hito», que también se escribe «donde el espíritu se detiene»).
Eso significa mudar de piel: pasar de «ningen», ser humano, un ser en cuya escritura hay un «intervalo» que separa la conciencia del ego de la luz de la vida, a «hito» (humanidad divina), un ser en el que la luz espiritual de la vida se ha detenido y habita; y para eso, al fin y al cabo, llegamos a la conclusión de siempre: lo más importante de todo es cuidar y poner en práctica, por encima de cualquier otra cosa, los pensamientos, palabras y actos para evolucionar en conciencia, y, más aún, realizar y manifestar pensamientos, palabras y actos de conciencia evolucionada.






