Para vivir apoyados en el verdadero amor-2
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(Continuación de la entrega anterior)
El amor verdadero y el amor falso
Dentro de la divinidad que la humanidad posee de origen hay varias características, pero no hay ninguna tan sujeta a la subjetividad como el amor.
Es decir, que entre «el apego y las ideas preconcebidas» de cada persona y «el amor verdadero» hay una afinidad muy poderosa.
Muchas personas creen que la conveniencia propia y la imposición del apego, encerradas en sí mismas, son amor, y viven con un ánimo pegado a la inquietud, la ira, los celos o el rencor que surgen cuando ese deseo no se cumple.
Eso significa que detrás del «¡me gusta!» hay un «¡no lo soporto!» que puede darse la vuelta con facilidad, y que, cuando las cosas no salen como se desea, subyace un pensamiento que, apenas dicho a la ligera «te amo», se retracta con un «ya no puedo amarte».
Las palabras «te amo» que diriges a la persona que amas, ¿puedes afirmar que son un sentimiento que no cambiará jamás, pase lo que pase?
Si puedes afirmarlo, quiero que lo mantengas hasta el final.
Si no puedes afirmarlo, mira con honestidad los movimientos de tu corazón, ten claro que «mi nivel de conciencia actual es más o menos este», y ve puliéndote y elevándote.
Si aspiras a la evolución de la conciencia de verdad, desde el fondo del corazón, libera «el interés propio que se confunde con amor» y, para poder vivir una conciencia divina apoyada en el amor verdadero y divino, actualiza con todas tus fuerzas, instante a instante, los movimientos de tus pensamientos hacia otros de naturaleza luminosa.

La conciencia estándar de la nueva era
El amor no se refiere solo al sentimiento que brota entre un hombre y una mujer.
También a tu alrededor hay muchas personas dignas de ser amadas, sin importar edad ni sexo, ¿verdad?
En la vida diaria que pasas relacionándote con esas personas, ¿con qué movimientos de pensamiento vives cada día?
Precisamente eso es el objeto que hay que observar conscientemente.
Y en ese momento, si intentas hacerlo con los pensamientos pegados al cuerpo físico, no hay manera de conseguirlo, así que, como siempre digo, conviene poner la conciencia al menos una dimensión más arriba y, desde allí, contemplar los pensamientos de naturaleza física.
Eso también significa mirarse a uno mismo en un nivel equivalente a la conciencia de los Espíritus Guardianes (la conciencia del cuerpo espiritual).
Así como la conciencia original que creó el universo se dividió a sí misma en lo que observa y lo que es observado, también el ser humano tiene, en su origen, una «conciencia que observa» y una «conciencia observada».
Quienes lo olvidaron creyeron que los pensamientos físicos, que son el lado de la «conciencia observada», eran la «conciencia del lado que observa», y olvidaron que son la «conciencia del lado observado».
Pero ya se acerca el día de despedirse de esos días de confusión.
Dentro de poco, puede que entremos en una etapa en que, con los pensamientos habituales de hasta ahora, sea fácil sentir dificultades para vivir. Pero no pasa nada: basta con ir preparándose poco a poco desde ahora.
Porque la frecuencia debida de todas las vibraciones espirituales y materiales que rodean la Tierra llegará a entrar por completo en la dimensión espiritual.
Como volver a empezar después de que eso ocurra es bastante laborioso, por eso no hago más que hablar de la conciencia estándar de la nueva era.
Por supuesto, usando los aparatos de ajuste vibratorio fabricados con la capacidad científica que se emplea en las estrellas que han llegado a ser civilizaciones del espíritu divino, no cuesta nada formar a una persona que, aunque intente pensar algo negativo, no pueda; pero en ese caso, como la capacidad real del alma de esa persona no lo acompaña, después tiene que experimentar un aprendizaje de vida que equivale a clases de recuperación.
Aunque, por supuesto, eso no tiene relación directa contigo.
(Continúa en la próxima entrega)






