Para quien el presente no es el futuro que imaginó, pero cuya luz de esperanza no se debilita y sigue brillando en el cielo de su corazón más que antes (segunda parte)
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(Continuación de la entrega anterior)
★El método para usar la conciencia desde el ángulo y la dimensión debidos
Entonces, ¿qué hay que hacer para llegar a manejar la conciencia desde el ángulo y la dimensión debidos? Lo bueno es empezar, antes que nada, por corregir de raíz el reconocimiento de uno mismo.
¿Qué quiere decir esto? Conocer qué es la vida.
También se puede decir que es indagar en la raíz de la existencia humana y seguir contemplando la propia vida.
Haciéndolo, hay algo que todos llegan a entender.
Es la verdadera identidad de la vida.
Toda persona es una luz de amor en la que habita la sabiduría infinita que creó el universo.
Dicho en una palabra, eso se llama divinidad.
Ternura y consideración, amor y compasión…; el único ser vivo capaz de expandir esa conciencia de luz a la escala del universo es la humanidad.
También en los demás animales hay, ciertamente, consideración.
Pero esa solo alcanza a los suyos, a los de su misma especie, a los aliados frente a los enemigos, y no es más que algo hecho instintivamente, siempre desde el punto de protegerse de algo.
La divinidad que posee la humanidad es completamente distinta: es una energía de amor compasivo que trasciende la idea dualista de enemigos y aliados y puede extenderse a todas las existencias.
Por eso digo que toda persona es una existencia divina.
Además, esta divinidad está contenida también en todos los fenómenos del universo que no son la humanidad.
Pero esos no son más que la vibración de vida del lado creado.
La divinidad que habita en la humanidad es la conciencia del Creador, del lado que creó el universo.
Quien ha recordado el verdadero sentido de haber nacido como persona ya es consciente de que él mismo es la luz de amor misma (la divinidad).
Y en la siguiente etapa llega a saber que esa luz sagrada que habita en él habita también en todas las personas.

Con solo seguir explorando sin rendirse la esencia de la propia vida, se llega a la verdad última: «así como yo soy una existencia divina, los demás también son existencias divinas. Ah, toda la humanidad es una existencia divina», y a partir de ahí se obtiene una toma de conciencia de la conciencia universal todavía más profunda y amplia.
La charla de hoy no es una técnica superficial como para aparentar ser mejor que los demás, o del tipo «con salir del paso ya me vale».
Usar la conciencia desde el ángulo y la dimensión debidos es el camino que lleva a la forma de vida definitiva para vivir manifestando perfectamente la divinidad, que es la naturaleza original del ser humano, y desplegando plenamente el potencial original de la vida.
Y aunque no hago más que hablar de la conciencia, para usar la conciencia enraizada en la verdad, al fin y al cabo, lo bueno es mantener siempre la respiración pausada.
Para quienes leen siempre puede que sea una charla que ya les ha hecho callo en los «ojos», pero por qué es bueno profundizar la respiración: porque al hacerlo, la propia respiración se acerca a la respiración de la Gran Vida del universo.
El universo también respira.
Por supuesto, las estrellas también respiran.
Espiritualmente.
Cuando se llega a vivir en sintonía con la conciencia sagrada del universo entero y de las estrellas, la conciencia se expande sin límites, y también las preocupaciones de la vida humana se van aligerando de golpe.
Por eso, de vez en cuando conviene reflexionar sobre hasta qué punto la propia conciencia vive en sintonía con el universo, más grande.
Junto con una reflexión interior acompañada de una respiración pausada. (Fin)






