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Para abrir la era del encuentro con las estrellas

El camino para vivir como humanidad divina

El renacimiento de la divinidad

La mentalidad para construir un mundo nuevo – 3

Publicado el Actualizado el

Por qué hay que esforzarse en cambiar uno mismo antes que en cambiar a los demás

Hace un momento, al hablar de cómo debería cambiar la humanidad su manera de vivir, dije: «Toda la humanidad de la Tierra necesita recordar la divinidad, que es la esencia de su propia vida. Y, con esa conciencia, reconocer la divinidad en todo. Para ello, ante todo y antes que nada, es necesario reconocer la propia divinidad como algo natural».

La razón por la que es necesario recordar la propia divinidad y convertirla en reconocimiento natural antes de lanzar amor a los demás, antes de acompañar a los otros, es que el ser humano es un ser que, cuando no se ha perdonado ni amado de verdad a sí mismo, por mucho que intente manifestar palabras y actos de amor, lleva inevitablemente adheridas a ellos olas torcidas de conflicto interior y de cálculo.

Por eso, antes que nada, es necesario perdonarse y amarse a uno mismo, acompañarse a uno mismo, y hacer que «la gran luz de la vida» se extienda por toda la oscuridad del corazón.

Quien puede practicar y manifestar un amor verdaderamente sin doblez no tiene ningún conflicto en el corazón. O lo tiene muy leve.

Sin el esfuerzo de actualizarse a uno mismo hasta ese estado, por mucho que se esfuerce en mejorar el mundo exterior, este no tiene manera de mejorar.

¿Por qué? Porque el mundo que uno percibe es, en todos los casos, una proyección del universo interior.

La humanidad del mundo está dentro de uno mismo.

En el corazón hay muchísimos yo.

Mientras no pasen por la experiencia de fundirse en el yo divino, la mayoría de ellos son olas de pensamientos no resueltos.

Yo llamo a esas diversas olas de pensamiento interiores «la humanidad del yo», y redirijo hacia mí mismo el pensamiento que he sentido hacia los demás, encuentro a los dos yo enfrentados y los abrazo.

La imagen real de lo que se siente hacia fuera

Los dos yo enfrentados son los siguientes:

  • El yo que no se reconoce a sí mismo y el yo que no es reconocido por sí mismo.
  • El yo que no quiere perdonarse a sí mismo y el yo que no es perdonado por sí mismo.
  • El yo que se menosprecia y se pisotea a sí mismo y el yo que es menospreciado y pisoteado por sí mismo.
  • El yo que no se ama a sí mismo y el yo que no es amado por sí mismo.
  • El yo que se detesta a sí mismo y el yo que es detestado por sí mismo.

En el corazón de quien no ha retornado por completo a la vibración divina, en general, esos yo enfrentados, el yo agresor y el yo víctima, andan maquinando o permanecen acurrucados en la oscuridad del fondo del corazón.

Eso se proyecta en el mundo exterior al cuerpo físico y, como si se mirara en un espejo, se tienen impresiones sobre la situación de la sociedad y sobre las palabras y los actos de los demás.

Hay que redirigir esos pensamientos hacia uno mismo.

Ese acto es el acto de iluminar el corazón con la luz de la vida.

Al hacerlo, se puede descubrir la verdadera causa de sentir desarmonía en el mundo exterior.

Una vez encontrada, no hace falta maquinar cómo resolverla.

Simplemente se observa.

Con solo observar a ambos al mismo tiempo, quedan liberados.

La verdadera causa de la desarmonía de este mundo estaba en el ámbito inconsciente que no se podía reconocer.

Con solo observarlos, se logra el equilibrio entre lo positivo y lo negativo, y uno se va acercando a un estado de ánimo sin apegos.

(Continuará)

 

El camino para vivir como humanidad divina

Los mensajes de este blog, reordenados por temas en una serie de libros.
La serie se publicará volumen a volumen.

Angelusbell

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Los vídeos se irán publicando poco a poco.

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