Una manera de vivir verdaderamente valiente
Publicado el Actualizado el
★El hombre sabio no se acerca al peligro
Se dice que el hombre sabio no se acerca al peligro, ¿verdad?
Pero en la sociedad actual, aunque uno tome eso al pie de la letra e intente hacerlo así, puede encontrarse igualmente con situaciones peligrosas.
En el mundo de hoy, en cualquier país, a veces alguien te busca pelea inesperadamente y te encuentras con una situación que cae como un rayo en cielo despejado, ¿verdad?
A decir verdad, que ocurran esas cosas también es la figura de personas que no actúan solo con su conciencia superficial, sino que están fuertemente influidas por las olas de pensamiento del mundo astral.
Entonces, cuando las personas que se basan en la divinidad se encuentran con una escena así, ¿cuál creen que es la conducta que ustedes deben adoptar?
Dicho en una palabra: no subirse al terreno del otro.
Dicho de otra manera, no bajar expresamente hasta el mundo astral, que es el ámbito donde vive el otro, para tratar con él en el mundo al que está acostumbrado.
Por poner un ejemplo concreto: vas conduciendo por la autopista y alguien se te pega por detrás; aceleras para distanciarte, pero el otro te alcanza y se te vuelve a pegar por detrás. Eso pasa, ¿verdad?
En esos casos, si hay una salida a una carretera convencional, sal enseguida y ve directamente a la comisaría más cercana, o para en el arcén y, aunque el otro venga gritando, no le mires la cara, ignóralo, llama sin más a la policía y quédate con cara de tranquilidad.
Porque en esos casos, cuanto más se muestra el miedo, más se enciende la mala intención del otro.
Esas cosas han ocurrido desde siempre, pero antes eran muchos los que, llegados a cierto punto, recuperaban la razón, volvían en sí y dejaban de acosar.
Por eso, esas conductas no llegaban a convertirse en delitos ni salían en las noticias de cada día, ¿verdad?

★Qué es una manera de vivir verdaderamente valiente
Pero ahora es distinto.
Hoy en día, en el corazón de quienes hacen esas cosas ha dejado de funcionar el freno del autocontrol, y tratan de llevar hasta las últimas consecuencias el pensamiento que domina su mente.
Si se observa la figura de esas personas desde un punto de vista espiritual, están en un estado en que su cuerpo y su mente han sido tomados por seres del otro mundo que conservan apego a este mundo.
Por eso cometen con toda tranquilidad maldades atrevidas que ni se les ocurrirían cuando están serenos.
Eso ocurre, al fin y al cabo, porque los pensamientos habituales de esa persona están inclinados a un estado de quejas e insatisfacciones acumuladas, y como eso coincide con las olas de pensamiento de los seres del mundo astral, resulta poseída sin darse cuenta; se puede decir que es un fenómeno que ocurre fácilmente cuando uno no tiene, en su día a día, pensamientos, palabras y actos de consideración hacia los demás.
Que en esos sucesos se pierdan vidas valiosas es verdaderamente doloroso. Junto con orar por el descanso de las personas fallecidas, quiero que oren también para que quienes se lanzaron a hacer daño vuelvan cuanto antes a la esencia de la vida y recuerden su divinidad.
Y como, estando dentro del cuerpo físico, no se puede saber si uno se encontrará con un suceso así, hay que tener presente que «el hombre sabio no se acerca al peligro», pero sin poner la base de ese pensamiento en el miedo, sino en la convicción de que «nada puede atentar contra mí salvo mis propios pensamientos»; si guías tus pensamientos para que sean la conciencia divina inquebrantable misma, serás guiado para no tener puntos de contacto con esa clase de gente, y aunque te encuentres en una situación así, sin ceder al miedo, con una actitud firme, sin dejarte arrastrar al terreno del otro, podrás tratarlo desde la posición de la divinidad; entonces el otro, desconcertado ante esa figura, o sin que la conversación cuadre, no consigue satisfacer su pensamiento, y con el tiempo la razón de la persona cuya conciencia había sido tomada regresa, y la cosa termina sin mayores consecuencias.
Lo importante, más que lo que haga o deje de hacer el otro, es qué estás pensando tú y qué estás haciendo tú en ese momento.
Mientras uno está en el campo de visión del pensamiento que culpa al otro, la conciencia cae fácilmente al mundo astral.
Por eso, para que no ocurra eso, hay que pulir y pulir el propio corazón cada día y conducirlo a un estado admirable que no vacile se mire por donde se mire.
Una manera de vivir verdaderamente valiente es el estado de corazón inquebrantable que está más allá de esa dedicación diaria.
Para llegar a eso, hay que tratarse a sí mismo, en la vida cotidiana, como Dios mismo.
Porque cómo uno se reconoce a sí mismo depende, ante todo, de la propia manera de ver, de sentir, de pensar y de reconocer.







