La manera de ver el mundo de la humanidad divina (tercera parte)
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(Continuación de la entrega anterior)
★La humanidad es una ramificación del corazón, del ser y de la divinidad del corazón del universo
¿Me escuchan?
Ustedes son una ramificación del corazón, una ramificación del ser y también una ramificación de la divinidad del corazón del universo que creó todo el universo.
En verdad, no son ninguna otra cosa que eso.
Y entonces, ¿por qué se entierran en la tierra de la creencia «yo no soy más que un ser humano físico» y viven bajo tierra?
Precisamente eso es lo que hay que mirar muy bien.
Si lo hacen, les vendrá a la mente un hecho muy simple.
«Vaya, solo estaba aferrado a la memoria», o
«Es que tenía el sentido común como única norma de conducta», o
«Es que las ideas fijas estaban impregnadas en mi corazón», o
«Es que me dejaba arrastrar por patrones de reacción originados en la memoria o en el sentido común», o
«Es que estaba interferido por hábitos de pensamiento que arrastro desde vidas pasadas», algo así.
Las palabras que vengan a la mente quizá varíen según la persona, pero quien haya conseguido recordar algo con más o menos el sentido de lo que acabo de decir, en ese instante habrá saltado al «trapecio de la conciencia», se habrá convertido en habitante del mundo del reino divino y descubrirá una conciencia de sí capaz de contemplar a vista de pájaro, con serenidad y aplomo, la verdad de lo que ocurre en la tierra.

★Conozcamos y superemos la ley de causa y efecto y entremos en el estado de la ley de efecto y causa
Mirando desde esa posición de la conciencia, ¿qué es lo primero que se entiende, lo que se empieza a ver?
Esto es común a todas las personas que han entrado en el mundo del reino divino: el hecho de que «en el mundo no había ni una sola persona mala ni innecesaria».
¿Entienden por qué?
Sí, sí, eso es.
Porque todas las personas son una ramificación de la Gran Vida del universo, solo que su esencia todavía sigue dormida.
Precisamente por eso, y esto es importante, precisamente por eso, cuando una persona mira a otra, tanto a sí misma, por supuesto, como a quienes están alrededor de ustedes, como a alguien de la tierra a quien todavía no conocen, llega a poder verlos con la mirada de que «todas las personas son humanidad divina, que contiene en su interior la divinidad».
Que al ver a alguien que ahora hace cosas malas uno piense «ese es un tipo astuto» o «ojalá un malvado así no salga de la cárcel en toda su vida» es también algo natural en una persona. Pero cuando se llega a ver un paso más al fondo, la Verdad Universal se asienta de verdad en cuerpo y mente.
Puede sonar duro, pero en el fondo de la sinrazón superficial yace la ley de causa y efecto de por qué ha llegado a ser así.
Mientras no comprenda la ley de causa y efecto, por la que la causa aparece como resultado, la conciencia humana no puede desplegar la verdadera divinidad.
Y más al fondo todavía está la ley de efecto y causa, en la que, como hizo el corazón del universo al comienzo de todo, uno imagina primero el resultado y se pone en movimiento hacia ese resultado.
Solo al llegar ahí puede la persona empezar a dar el verdadero primer paso como humanidad divina.
Veamos… digamos que es algo así como «la imaginación es la madre de la creación» (en japonés, ambas palabras se pronuncian «sōzō»).
Todos y cada uno de los destinos no deseados de hasta ahora, absolutamente todos, son falsificaciones que ha fabricado el pensamiento humano.
Más allá de qué se mira y cómo, se trata de contemplar el mundo a vista de pájaro desde la perspectiva de cómo se ve.
Para eso, hay que llevar la vida diaria haciendo la respiración lo más profunda posible.
Porque esa dedicación sencilla y sin tensiones es precisamente lo que hace que tú mismo crezcas hasta convertirte en habitante del mundo del reino divino. (Fin)






