Una manera de vivir creyendo plenamente en la divinidad (primera parte)
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★Sobre creer plenamente en la propia divinidad
Vive a fondo todo tu tiempo creyendo al cien por cien que tu propia esencia está en la divinidad.
El truco para eso es «pase lo que pase, pensar solo en eso, seguir creyéndolo y seguir viviendo así».
Aunque haya ratos en que no puedas hacerlo, basta con ir acortándolos.
¿Eh? Sí, eso es.
Es lo que he venido transmitiendo desde siempre.
Con un instante de arrepentimiento y de reflexión basta.
Darle vueltas y vueltas no tiene sentido.
Para eso, se trata de redirigir enseguida cualquier pensamiento hacia la divinidad (meterlo dentro de ella) y volver a vivir cada instante.

Eso, ni más ni menos, impulsa el metabolismo de las células del espíritu y mantiene «la frescura del corazón».
Por decirlo de forma fácil de entender, es como que una persona mantiene «la frescura de la vida» gracias a que las células del cuerpo se renuevan con frecuencia.
El hábito en el que ustedes tienden a caer es que los pensamientos se enfocan solo en lo que no pudieron hacer más que en lo que sí pudieron, en lo que les criticaron más que en lo que les elogiaron, en lo que no tienen más que en lo que tienen, en el lado infeliz (lo que falta) más que en el lado feliz (lo que tienen de bendición); solo ven el lado negativo y quedan atrapados ahí.
Dicho de otro modo, los pensamientos habituales cotidianos de ustedes (el hábito del pensamiento negativo) dan vueltas y vueltas en la cabeza como si «una cosa lo fuera todo»; los acontecimientos negativos los interpretan de forma exagerada y los agrandan, mientras que los positivos, aunque los vean, no les entran por los ojos, y aunque los oigan, no los escuchan; y acaban dando vueltas mareados en medio del tifón de los pensamientos habituales.
Sea cual sea el aspecto que presenten ahora tú mismo, las personas con las que te relacionas o la sociedad, para un ser humano cuya esencia está en la divinidad eso no es en absoluto un gran problema…, a decir verdad.
Los fenómenos, como siempre digo, son ya acontecimientos del «pasado». (Continúa en la próxima entrega)






