Una manera de vivir creyendo plenamente en la divinidad (segunda parte)
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(Continuación de la entrega anterior)
Si se ve la relación entre el destino y los pensamientos desde las ciencias naturales
Si se contemplan solo los hechos, a vista de pájaro, desde una conciencia de la que se ha eliminado todo pensamiento emocional, tanto la enfermedad como la discordia y todos los fenómenos desarmónicos, en el instante en que aparecen ya son pasado, y con solo no agarrarlos con la mano del pensamiento, cualquier pensamiento y cualquier fenómeno, una vez cumplido su papel, está destinado simplemente a desvanecerse.
Por decirlo así, tanto los pensamientos y fenómenos desarmónicos que aparecen en ustedes y que creen que son la realidad, como, al contrario, las manifestaciones buenas, son todos los pensamientos de su pasado que han fructificado como destino y han cristalizado.
El hecho de que «los pensamientos aparecen cristalizados y se manifiestan como fenómeno en el instante en que se desvanecen», comparado con otra cosa, es como cuando llueve y esa agua caída se evapora, vuelve a ser vapor y sube al cielo, o como cuando la flor que floreció en su momento se deshoja, se acumula en el suelo y con el tiempo vuelve a la tierra y a la atmósfera, y regresa a las partículas más diminutas.
Tanto el destino del ser humano como la manera de ser de sus pensamientos, vistos a la luz de la verdad, se pueden explicar científicamente en su totalidad; no tienen nada de ocultismo.

Con solo vivir con el eje de la conciencia puesto en la divinidad, se llega a ver con exactitud la manera de ser y el rumbo de las cosas, y a manejarlas correctamente.
La continuación de la respiración profunda, de la que siempre hablo, es también un entrenamiento para poner por completo el eje de la conciencia en esa esencia de la vida; y el tiempo en que los pensamientos emocionales vacilaban, que hace un año era de unas diez horas, hace medio año se redujo a unas cinco, hace un mes era de una hora, anteayer de unos treinta minutos, ayer de veinte y hoy de quince; así, con solo continuar, el tiempo en que se vive este mundo dentro de la divinidad se va alargando más y más.
Si la conciencia está dentro de la divinidad, los cambios de la situación de este mundo no alteran el corazón en absoluto.
Porque quien tiene la conciencia en el reino divino sabe muy bien que su verdadera esencia no enferma ni sufre, no envejece ni se deteriora, y que es la conciencia del lado que, en el fondo de la manifestación de todos los fenómenos, rige todo el metabolismo y sigue suministrando energía. (Continúa en la próxima entrega)







