La conciencia a vista de pájaro y la primera intuición (primera parte)
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★Sobre el sufrimiento en las relaciones humanas
★El primer factor del sufrimiento
Si se mira ampliamente el mundo de ustedes, entre los muchos sufrimientos, las preocupaciones por las relaciones humanas son precisamente las que ocupan el mayor peso.
¿Por qué es así? Porque se cree, sin cuestionarlo, que el reconocimiento egocéntrico que ha olvidado la verdad de la vida es la propia conciencia, y se emiten los pensamientos por inercia.
Cuando se reconocen las diversas realidades con los ojos y los oídos, si de verdad se capta el hecho como hecho, los pensamientos emocionales no se tambalean.
Sobre todo, en las situaciones en que se piensa algo al ver las palabras y actos de otra persona.
Dentro de las relaciones humanas de cada día, tan variadas, contempla con atención y honestidad el movimiento de tu propio corazón en cada momento.
★Lo que se entiende al contemplar el corazón
Cuando no se es consciente de desplegar la naturaleza original de la vida (cuando no se usa la conciencia de forma consciente), se entiende que la longitud de onda de la conciencia de uno y la de la persona a la que se ha reprochado o criticado son, en realidad, parecidas, ¿verdad?
Cuando se mira a alguien y se piensa «esta persona es tal cosa», lo que hay que contemplar muy, muy cuidadosamente es precisamente el propio corazón que ha pensado eso.
Si se contempla así a vista de pájaro la manera de ser del corazón, se puede ver el hecho de que lo que uno pensaba de los demás era ver reflejado en ellos lo que hay dentro de uno.
Cuando se está en ese estado espiritual, se puede decir que tanto los demás como uno mismo están en un nivel de conciencia muy parecido.
Lo que quisiera que supieran muy bien es que la persona solo dirige su pensamiento hacia las vidas y las cosas con cuya longitud de onda sintoniza.
Lo que no sintoniza, aunque se mire no entra por los ojos, aunque se oiga pasa de largo por los oídos, y no llega a la tabla de cortar de la memoria.

★El caso en que se refleja a uno mismo tal cual
La tendencia de los pensamientos que no han regresado del todo a la divinidad es que lo que en realidad está dentro de uno tiende a verse como algo que no tiene que ver con uno.
Cuando se ven en otra persona pensamientos, palabras y actos con una longitud de onda que resuena con la propia, muchas personas no lo consideran cosa suya, sino cosa del otro.
Especialmente en lo que se mira con ojos críticos.
★El caso en que llama la atención porque el corazón está teñido de aversión
Lo curioso es que, precisamente cuando se percibe en otra persona una cualidad espléndida que hay dentro de uno, aunque se sepa que está dentro de uno, cuesta mucho reconocerla como propia, y, al contrario, se tiende a separarse del otro y a verse a uno mismo por debajo.
La tendencia de los pensamientos adheridos al cuerpo físico es reconocer fácilmente lo que no es verdad y, cuando se trata de la verdad misma, tomarlo como cosa ajena.
★La necesidad de una conciencia que contemple todo a vista de pájaro
Solo cuando se entiende hasta ahí, se llega a comprender la necesidad de una capacidad de reconocimiento que contemple objetivamente, a vista de pájaro, solo los hechos.
Si no se recuerda y se aprovecha de nuevo este reconocimiento a vista de pájaro que viene de serie en la vida, el corazón humano nunca podrá escapar de la prisión de la oposición dualista, ni salir del torbellino de disputas de «me gusta, no me gusta, es correcto, es incorrecto».
¿Y cuál es el estado en que se contemplan objetivamente, a vista de pájaro, solo los hechos? Es un estado en que, aunque se ve lo que parece el defecto (la faceta desagradable) del otro en que se engancha el pensamiento, al mismo tiempo se ve la propia figura que hacía lo mismo, y también la propia figura que detestaba de manera dualista y unilateral lo que el otro hace; por eso no se puede pensar mal solo del otro de manera unilateral, y además, como también se ve la divinidad que hay en el fondo de esa persona, se ve que «todo es un estado que no es más que un proceso temporal hasta que la esencia llegue a manifestarse», y la conciencia no se queda en un punto que amplifique solo las palabras y actos que provocan aversión.
Por eso los pensamientos emocionales pueden mantenerse sin alterarse.
El campo de visión de la conciencia en que las nubes negras de los pensamientos emocionales se hinchan y brotan es aquel en que la propia conciencia está en la misma posición dimensional que la persona a la que se mira con ojos críticos, y por eso se puede decir que no logra reconocer a uno mismo y a los demás desde la posición que lo contempla todo a vista de pájaro. (Continúa en la próxima entrega)







