Cómo arreglar el aspecto del corazón tomando a los demás como espejo
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★Los demás son existencias que nos reflejan y nos muestran nuestro interior
Creer en la gente es creer en uno mismo.
Estas dos cosas están unidas por un signo de igual.
Por eso, a decir verdad, si uno no cree en el yo que creyó en los demás, en realidad tampoco cree en los demás desde el fondo del corazón.
Ya les conté antes que lo que uno siente hacia alguien es siempre pensar «esto o aquello» después de verse reflejado a uno mismo, ¿verdad?
Esto que llaman la ley del espejo solo lo entiende quien se enfrenta con sinceridad consigo mismo e intenta volver a su verdadero yo, pero es un estado por el que todos, en el proceso de evolución de la conciencia, tienen que pasar algún día.
Mirar a alguien y pensar algo, o tener una reacción química ante las palabras de alguien y sentir diversos pensamientos emocionales, es algo que, tal cual, nos hace darnos cuenta de los hábitos de nuestros propios pensamientos.
Por eso se dice que los demás son nuestro espejo.
Si se entiende esto, a la persona le resulta imposible no sentir que vivir es fácil.
Porque con solo tomar como propio lo que se siente hacia los demás, se entiende desde el fondo del corazón que no había nada que nos dañara, aparte de nuestros propios hábitos de pensamiento.

★Si evolucionan en conciencia, los seres humanos pueden creer unos en otros
Volviendo al principio, para que todos vivan en armonía, las personas tienen que estar unidas por relaciones de confianza.
Porque donde no hay confianza no hay ni seguridad ni tranquilidad.
Por ejemplo, si muchos perros y gatos domésticos pasan el tiempo relajados y tranquilos en casa, es porque confían en los humanos que los cuidan, ¿verdad?
Los animales salvajes, que no saben lo que es confiar en los humanos y no tienen acumulada esa experiencia, no abren el corazón a los humanos, a menos que se trate de un santo.
Entre los seres humanos ocurre lo mismo: en general, si una persona no piensa «con esta persona puedo tratar con el corazón abierto», no se muestra tal como es ante los demás, ¿verdad?
Pero eso es solo cosa del mundo fenoménico en que se viste el cuerpo físico; en el mundo donde la luz de la vida está al descubierto, lo que piensa cada uno es transparente para todos y, además, no hay nadie que esconda pensamientos que le resulte incómodo que otros vean, así que todas las personas son de las que se puede tratar con el corazón abierto, y pueden cooperar de corazón, ayudarse aprovechando lo mejor de cada uno y trabajar por la armonía del conjunto.
Ese mundo en que la luz de la vida está al descubierto está en el mundo de conciencia del reino divino, en el fondo de los pensamientos superficiales de ustedes.
En realidad, en el ser humano no se trata de creer o no creer: es una existencia que desde el principio cree en los demás y vive manifestando, dividida, una sola vida.
Hasta llegar ahí, como acabo de decir, hay también una etapa en que se toma a los demás como espejo y uno se contempla a partir de lo que siente hacia la gente; pero en el fondo de eso hay un mundo en que no hay ni yo ni otros, y todos viven como partes de una sola vida.
Algún día todos regresarán a ese verdadero yo y construirán en la Tierra un mundo como un paraíso de amor y verdad.
Con solo no olvidar esa verdad, por muy manchado de pensamientos que esté el presente, todo irá bien.
Porque, sin falta, se pueden borrar y purificar esos pensamientos negativos y manifestar el yo que es la luz de la vida misma.






