Para hacer de la conciencia ascendida (ascensión dimensional) el reconocimiento natural – 6
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(Continuación de la vez anterior)
La acción del IN
El IN es un método por el que la humanidad, como ramificación de la Gran Vida del universo, utiliza «la respiración» y «los movimientos de los brazos, las manos y los dedos» para manejar las leyes del universo, corrigiendo el desequilibrio entre las células espirituales y las células físicas, mientras crea en su propio cielo y tierra el mundo de gran armonía que pretende el corazón del universo.
La imagen completa de cuánto logran esos movimientos no será revelada hasta que la conciencia de un cierto número de personas de la Tierra resida de forma permanente en la esfera vibratoria de la divinidad; pero cuando llegue el momento en que la ciencia divina que se utiliza en otras estrellas se despliegue en la Tierra, sin falta quedará demostrado como hecho objetivo.
Quizá haya quien sienta que «es difícil creer en la acción de un mundo que no se ve, ni se oye, ni se puede siquiera tocar», pero actualmente en la Tierra este IN se está transmitiendo de persona a persona, y ya unas catorce mil personas lo forman por la mañana y por la noche.
Que la Tierra haya podido, de algún modo, llegar al día de hoy se debe a que, mediante este IN, una superespecial «energía que impulsa la creación y la regeneración», generada al mezclarse «la energía de la fuente de la vida» con «la energía física» de quienes forman el IN, está siendo llevada a cada parte de la Tierra (las montañas y la tierra, el manto y el núcleo terrestre, los mares, lagos y ríos, el cielo, las plantas, los animales, los microorganismos) y al alma de cada persona de la humanidad.
Si la distribución de esta energía superespecial que impulsa la creación y la regeneración no hubiera llegado a tiempo, la civilización de la Tierra quizá estaría en una situación mucho más severa.

Lo más importante para reconstruir la Tierra
Otra cosa asombrosa de esta energía es que, una vez generada, no desaparece por muchas veces que se use.
Eso significa que, cuanto más se forma el IN, más se acumula esa energía en el cuerpo y la mente de esa persona. Como unos ahorros que crecen sin límite.
Y, una vez dejada la cantidad que necesita la persona que formó el IN, es llevada a todo lo que existe en el cielo y la tierra.
Si es llevada al mundo natural, como los minerales, la atmósfera o el agua, esa energía purifica la contaminación producida por los actos de la humanidad, y activa y regenera la acción de las partículas elementales.
Si es llevada a todos los seres vivos, purifica los efectos nocivos del comportamiento egoísta de la humanidad, y protege y guía la supervivencia de las especies.
La energía llevada al alma de los seres humanos de la Tierra impulsa el despertar de la conciencia divina y promueve la toma de conciencia espontánea de la verdad.
Creemos que con lo dicho hasta ahora ya se hacen una idea aproximada, pero quien salvará al mundo de la Tierra de su difícil situación no es Dios, ni Buda, ni los hermanos del espacio, ni un único salvador.
Es cada una de las personas de la Tierra, a quienes el corazón del universo ha confiado la administración del mundo terrestre.
Además, precisamente porque se ha hecho descender el método definitivo de salvación, si se sigue haciendo también la limpieza del corazón, el efecto del IN cobra aún más vida.
Lo más importante para que el mundo de la Tierra, profundamente herido, se recupere es el manejo de la conciencia de cada persona.
Hay que animar a la conciencia que no conseguía soltar el sentido común de siempre y se echaba atrás ante los cambios de la época.
La esencia de la vida de la humanidad es tal que, con solo proponérselo, puede hacer cualquier cosa.
Si la energía del IN y la fuerza propulsora de la conciencia divina actúan como las dos ruedas de un carro, incluso quien cargaba con los sentimientos más dolorosos puede renacer como un santo.
(Continuará)







