El reconocimiento básico para incorporarse a la sociedad del universo, convertida en sociedad de Deidades (primera parte)
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★El reconocimiento básico para incorporarse a la sociedad del universo, convertida en sociedad de Deidades
De las personas que han nacido entrando en un cuerpo físico, muchas han traído hábitos de pensamiento de la vida anterior o de la anterior a esa, así que ven a sí mismas y a los demás como si fueran cosas completamente separadas, y muchas veces se atormentan con pensamientos de queja, emitiendo juicios de «esto y aquello», «ni esto ni aquello», sobre las personas que viven fuera de su propia esfera vibratoria.
Y en medio de esos días, algunas personas se deciden de pronto, «así no puede seguir; voy a hacerme más grande, a aceptar a todos, a perdonar, a amar», y llegan a aspirar a la evolución de la conciencia.
En ese momento, cuando una persona completamente teñida del hábito de pensamiento de no poder ver el lado bueno del otro empieza a esforzarse con todas sus fuerzas por ver las virtudes de los demás, muchas veces sus pensamientos no acaban de calmarse, o no consigue quitarse la sensación de estar haciéndolo solo de cara a la galería.
¿Hay alguien que haya tenido esa experiencia?
En ese momento, hay quien se siente falso y se hastía de sí mismo, y cede al susurro del corazón (la tentación del ego) con el matiz de «voy a dejar este esfuerzo inútil»; pero a esa persona hay algo que quiero que sepa.
Es esto: «ese es justo el momento de aguantar, así que, sin rendirte, prueba a seguir viendo solo las virtudes y a seguir convirtiéndolo en pensamientos de gratitud».
El ser vivo llamado humanidad está diseñado de modo que, mientras supera así los susurros del ego, cualquiera se transforma, sin darse cuenta, en alguien capaz de descubrir con naturalidad las virtudes de la gente.

Esto no es mentira ni consuelo, sino simplemente un hecho; así que, sin dudar y sin alegrarse ni entristecerse por el proceso intermedio, con solo dedicarse en silencio a la reforma del reconocimiento de la que acabo de hablar, sin falta uno pasa a un nivel superior, a un yo que mira el mundo fenoménico desde el campo de visión de la conciencia del reino divino.
Que muchas personas se rindan antes de llegar ahí me parece realmente un desperdicio, pero cuando se está encerrado en pensamientos que han olvidado por completo quién es el verdadero yo, no queda más remedio que decir que es inevitable.
Pero precisamente por eso cobra relieve lo que nosotros decimos siempre a voz en grito: «el ser humano es el creador del mundo, que alberga en su interior la ‘conciencia raíz de la vida’ que creó el universo».
Con solo agarrar bien desde el principio la esencia del ser humano y no soltarla, la persona evoluciona sin falta en conciencia y todos regresan a ella.
Con solo fundir este principio en el cuerpo y la mente y vivir sin dudar ni un ápice de esa verdad, sin falta todos los terrícolas llegarán a descubrir la divinidad en sí mismos y en los demás.
Esa conciencia es, precisamente, el reconocimiento básico para incorporarse a la sociedad del universo, convertida en sociedad de Deidades.
Para eso, primero hay que discernir con claridad la esencia de la vida humana.
Todo empieza ahí.
Dentro del corazón creador del universo, que es la esencia de la vida humana, ya existe un mundo que se puede llamar el prototipo, el modelo, de la armonía completa en todos los mundos dimensionales que existen.
Es, por así decirlo, como una pintura sublime ya terminada, y se puede llamar el plano del mundo fenoménico. (Continúa en la próxima entrega)






