La llave para llegar al punto de vista que contempla desde arriba
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Hoy hablaré de cómo se va transformando la persona cuando vive aprovechando la vida que le ha sido dada y concentrándose en el ahora de cada instante.
Entiendes el kotodama que encierra la Verdad Universal de que «vivir en serio el ahora es vivir vertiendo energía en ‘la conciencia que está aquí y ahora’, que no es el futuro ni el pasado», ¿verdad?
El kotodama, ni que decir tiene, es la resonancia, la energía, anterior a manifestarse como palabra.
Cuando se vive así, la propia conciencia envuelve «toda la manera de ser» que parece existir separada y en oposición, y se transforma en una conciencia que abraza todo lo que existe.
Eso es porque tu propia conciencia se expande y se amplía.
Bien, entonces, ¿qué ocurre cuando la conciencia se expande?
Antes de explicarlo, confirmemos qué es en su origen el ser humano.
El ser humano es, en realidad, la luz de la vida misma.
Y es una existencia que, cuanto más evoluciona su conciencia, más se amplía el alcance de esta, hasta llegar a participar incluso en la actividad de gran armonía del planeta al que pertenece, de la galaxia y de toda la galaxia madre.
A ver…, por ejemplo, imagina ese cuerpo tuyo que está en el mundo físico pensando que es la luz de la vida.
El cuerpo que creías que eras tú se hace más grande y se convierte en un cuerpo de más de 2 metros de diámetro.
Se expande más y se convierte en un cuerpo de más de 5 metros.
Imagina, paso a paso, cómo tu cuerpo se va expandiendo: 10 metros, 50 metros, 100 metros, 500 metros, 1 kilómetro, 10 kilómetros, 1000 kilómetros, 10 000 kilómetros.
Como el ser humano original no es el cuerpo físico, sino la luz de la vida, aunque el cuerpo se haga grande, no choca con otras personas ni los edificios le estorban para seguir adelante.
Puede expandirse sin límite.
Esa es precisamente la mayor propiedad que tiene la luz de la vida.
Escucha: cuanto más grande se hace tu corazón, más lo abarca todo.
Vas llegando a reconocer todo como existencia interior.
Vas llegando a tener clara conciencia de que todo existe dentro de ti.
Por ejemplo, una conciencia expandida al tamaño de la Tierra…; imagina que esa es precisamente tu propia conciencia.
Si es así, todos los sucesos y fenómenos que se producen en el mundo de la Tierra están ocurriendo en el mundo del interior de tu corazón, ¿verdad?
Las innumerables Deidades que existen en el mundo divino son todas poseedoras de una conciencia que contempla el mundo desde arriba con esos ojos divinos.
Las existencias del universo como nosotros, que ya trabajamos espiritualizados en otras estrellas, somos exactamente iguales.
En un futuro no tan lejano, también tú te transformarás enseguida en una existencia que se mira a sí misma y a los demás con esos «ojos como luz de la vida», así que no lo escuches como si fuera cosa ajena.

En el proceso de hacer propios esos ojos divinos que contemplan desde arriba, hay algo de lo que todos se dan cuenta.
Es que entre toda dualidad que parece existir por separado —cosa y cosa, persona y persona, tiempo y tiempo, interior y exterior, organización y organización, corazón y corazón, palabra y palabra, amor y odio, agresor y víctima, mujer y hombre— hay un espacio intermedio (en japonés, «awai») que los une, y que poder dirigir la conciencia a ese espacio es precisamente lo que tiene la llave de la evolución de la conciencia.
Quien rige ese espacio intermedio para cada ser humano son sus Deidades y Espíritus Guardianes.
Eso significa que cuánto se confían a las Deidades y Espíritus Guardianes los pensamientos que uno creía que eran uno mismo, y cuánto se logra unificar la conciencia con las Deidades y Espíritus Guardianes, es precisamente el barómetro que indica el avance de la evolución de la conciencia.
Cuando la conciencia se expande aún más, uno llega a darse cuenta de que lo que hay entre la dualidad es la conciencia del gran origen de la vida que creó el universo.
Y llegado ahí, se dará cuenta de que ese espacio intermedio que existe en medio de la dualidad era la fuerza de la fuente que hace existir todo, es decir, la conciencia del universo misma.
Puede que sea difícil llegar ahí de golpe, pero las personas que, en la vida diaria, realizan sin interrupción oraciones de gratitud a sus Deidades y Espíritus Guardianes para lograr la unificación con ellos, en un futuro no tan lejano llegarán a hacer suya esa conciencia que abarca el conjunto de la que acabo de hablar.
Sin falta.
Porque todo ser humano es Humanidad Cósmica que contiene la vida del universo.
No hace falta que intentes adquirir teorías ni conocimientos difíciles; vive pensando todo el año «Espíritus Guardianes, gracias».
Porque, si lo haces, llegará el día en que experimentes con toda el alma, con la vida misma, la realidad de lo que hemos explicado.






