Hacia la culminación del mundo de la gran armonía (segunda parte)
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(Continuación de la entrega anterior)
★La acumulación de manifestaciones de la divinidad es precisamente el cimiento de la construcción del mundo de la gran armonía
El mundo actual, si se compara con construir un edificio, es como la etapa de la obra de cimentación, en que se clavan los pilotes en el suelo; y lo que construye el edificio en sí son los pensamientos, palabras y actos de ustedes de ahora y de aquí en adelante.
Ya dije alguna vez que «el destino presente lo crearon los pensamientos, palabras y actos del pasado, y el destino futuro lo crean los pensamientos, palabras y actos de ahora», ¿verdad?
Por eso, si hay tiempo para ir de un lado a otro intentando mejorar la situación actual, es más constructivo dedicar ese tiempo a crear un futuro nuevo.
Y si se quiere, ampliando el ámbito, mejorar el mundo entero, basta con corregir los pensamientos, palabras y actos de hasta ahora, en que se pensaba, se hablaba y se actuaba por inercia, arrastrados por los hábitos, y manifestar con más seriedad y de forma más consciente pensamientos, palabras y actos enraizados en la divinidad, que es la esencia de la vida.
Como eso no se puede hacer de la noche a la mañana, lo bueno es observar conscientemente los pensamientos, palabras y actos que aparecen a cada instante, y cuando se encuentre alguno apartado de la divinidad, sobrescribirlo allí mismo con palabras de luz, repitiéndolo paso a paso, con constancia.
Como dice el refrán «Roma no se construyó en un día», para lograr grandes cosas lo más importante de todo es acumular pequeñas cosas con constancia y atesorar pequeñas experiencias de éxito que parecen insignificantes.
Porque jamás ocurrirá que aparezca uno o dos salvadores tipo superhombre y que, sin que ustedes hagan ningún esfuerzo, con solo que esa persona grite «¡ea!», toda la humanidad se vuelva buena en un instante.
En ese punto, pensando de manera muy racional, repetir la dedicación de acumular lo normal de manera normal es precisamente lo que se convierte en el cimiento que hace resplandecer el futuro.

Lo que nosotros siempre pensamos es: «un remedio drástico que cambie a gran velocidad el mundo de la Tierra no es deseable. Es mejor evitar esas cosas en lo posible».
Entre la Humanidad Cósmica hubo quienes propusieron cosas así, pero los hermanos del espacio que, como nosotros, apoyamos a la Tierra, y los dioses del mundo divino de la Tierra nos plantamos con determinación: «nuestros compañeros, la humanidad de la Tierra, están ganando fuerza a gran velocidad; queremos que lo vean».
Porque si se hiciera eso, aparecerían muchas personas cuyo cuerpo y mente no podrían seguir un cambio tan brusco.
Y si eso ocurriera, ¿cómo sería la sensación de pérdida de las personas que quedaran?…
Por eso, la evolución del mundo de la Tierra, en lo posible, queremos que la abran los propios terrícolas con su esfuerzo, aunque lleve algo de tiempo, y tenemos la intención de ayudar directamente solo en el último momento, o mejor dicho, solo cuando se levante el telón de la nueva era.
Puede que a quien desea milagros trascendentales le parezca poco, pero en realidad serán pocas las personas que sientan un cambio dramático, y casi todas experimentarán un cambio gradual: «cuando me di cuenta, todo había cambiado mucho».
Eso es así en el estudio, en el trabajo, en las artes, en todo, ¿verdad?
La acumulación continua de pequeñas cosas es precisamente lo que se convierte en fuerza y en capacidad de aplicación, ¿no?
Por eso, no desprecien jamás el entrenamiento diario de asentar bien en el cuerpo y la mente los fundamentos de la conciencia divina.
Cuando llegue el momento lo entenderán, pero el esfuerzo acumulado día a día, instante a instante, hace crecer sin falta, y mucho, el alma de ustedes.
Y para terminar, lo digo una vez más: es precisamente más allá de que cada uno de ustedes viva así donde se construye un mundo de gran armonía que ya nunca dará marcha atrás.
Lo importante es la divinización de la conciencia de cada individuo.
No lo olviden jamás. (Fin)






