Vivamos hacia la esencia de la unidad
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★La virtud de la tolerancia
«La virtud de la tolerancia», que tiende a perderse en la sociedad actual, es precisamente la raíz de la sagrada conciencia de vida que ha ascendido.
Quien tiende a ver todo con ojos críticos deja de lado sus propias faltas y no hace más que sacar a relucir las de los demás, ¿verdad?
¿Crees que esa conciencia muestra cómo debe ser una persona?
Con lo perspicaz que eres, seguro que lo entiendes: quien tiende a pasarse el tiempo criticando y reprochando a los demás solo se preocupa del olor de los otros, sin darse cuenta del olor que desprende él mismo.
Es, además, un estado en el que uno finge no ver sus propios complejos.
Esa persona, en realidad, antes de andar hablando del olor de los demás, tiene que neutralizar su propio olor, aspirar a convertirse, ante todo, en alguien que no haga sentir a los demás ningún mal olor, y pulirse a sí misma antes que nada.
Quien no anda criticando a los demás puede ser tolerante incluso con el olor extraño de los otros, porque de él no emana el hedor de los «hábitos de pensamiento alejados de la divinidad».
Desde una posición pegada al cuerpo físico, pensarás: «Si yo no huelo mal, ¿no me molestará más el olor de los demás?».
Pero, en lo que respecta a los pensamientos, palabras y actos del ser humano, es exactamente la manera de pensar contraria.
Cuando no hay una causa dentro de uno mismo, aunque los cinco sentidos físicos lo perciban, no brotan en particular pensamientos de crítica o reproche sobre ello.
Al contrario, cuando ese mismo olor extraño está adherido dentro de uno, al percibirlo en los pensamientos, palabras y actos de otro, uno está hecho para reaccionar de forma excesiva, con hipersensibilidad.

★Hacia la esencia de la unidad, viendo todo como asunto propio
Lo que hay que hacer una vez entendido este principio es: cuando uno piense algo sobre los pensamientos, palabras y actos de otra persona, verlo todo, sin excepción, como asunto propio, enviar un equipo de investigación de la vibración de la conciencia al universo interior que hay en el corazón, y examinar minuciosamente el propio interior.
Así se entiende la verdad.
Mientras uno vea lo que siente hacia los demás como asunto ajeno, la evolución de su conciencia difícilmente avanza.
Y, sin embargo, como no lo entienden, ven al yo y a los demás separados, hacen hervir el karma de la reflexión y el juicio, «aquello está bien, esto está mal», «esto me gusta, aquello lo detesto», se mantienen en una estrecha frontera de conciencia y, ayer, hoy y mañana, ven todo con malos ojos.
¿No te parece un desperdicio?
Tanto tomar las cosas de buena manera como tomarlas de mala manera, su causa no es más que ver reflejado el propio interior.
Y, sin embargo, piensan que los demás son malos y que ellos no.
Si todos, absolutamente todos, fueran así, es más claro que el agua que un mundo habitado solo por personas así jamás podría convertirse en un mundo armonioso.
Por eso, si una persona desea vivir feliz, no debe ver al yo y a los demás separados ni pasarse el tiempo evaluando a los otros; debe ver todo como asunto propio e ir acercándose a la esencia de la unidad.





