El ser humano es el creador pensante del destino
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★Lo que conviene saber en la época de transición de la «caña pensante» al «creador pensante del destino»
El ser humano es, entre todos los seres vivos nacidos en la Tierra, el único ser vivo que tiene la «capacidad de pensar, planificar y ejecutar».
Precisamente por eso, el ser humano, usando esa conciencia pensante, puede superar cualquier dificultad, incluso en medio de cualquier absurdo, y aunque se encuentre con cualquier furia de la naturaleza.
El ser humano es capaz de transformar todo destino aparentemente irresistible usando su «capacidad de pensar, planificar y ejecutar», de superar el destino que aparece como resultado y, al mismo tiempo, de crear el destino que va a aparecer.
Pascal se refirió a eso al expresar «el ser humano es una caña pensante».
Y si se redefiniera con palabras del siglo XXI, se podría decir «el ser humano es el creador pensante del destino».
Que el destino cambie al llevar el pensamiento a la acción significa que esa energía de la conciencia que es pensar tiene una fuerza creadora que forma el destino, ¿verdad?
Por eso el ser humano, que tiene la fuerza de crear la realidad, es el creador del destino.
Ha terminado la época de vivir con entereza en medio de las dificultades, aceptándolas como realidad sin desanimarse, como la caña que en la orilla del río sobrevive doblando dócilmente el cuerpo sin resistirse a la nieve, el viento y las tormentas.
El ser humano ya no tiene que vivir como una caña.
El ser humano de ahora en adelante, según cómo use su conciencia, puede crear un mundo sin penurias, sin absurdos y sin la furia de la naturaleza.
Precisamente por eso digo que «el ser humano es el creador pensante del destino».

★Hagamos resonar la energía de la divinidad
Ahora bien, lo que nosotros llamamos «pensar» no es dar vueltas y más vueltas a los pensamientos kármicos (los pensamientos pegados al cuerpo físico), sino hacer resonar la energía de la divinidad.
A primera vista puede parecer «no hay ninguna diferencia», pero es completamente distinto.
El «pensar» que hace resonar la energía de la divinidad es la tarea de tantear con el sexto sentido que hay en la mente el tacto de la resonancia de la verdad, captar su imagen tridimensional y convertirla en palabras.
La «palabra» es precisamente la fuerza que crea el destino.
La «palabra» en este caso, como siempre digo, no son las «palabras» que son las ramas y las hojas, sino la «Palabra» que corresponde a la raíz y al tronco de las palabras.
Hacer resonar esa Palabra es hacer resonar la energía de la divinidad.
Cuando la espiritualización de la Tierra avance más que ahora, llegará la época en que, sin necesidad de pasar por el proceso de pensar con el sexto sentido, se pueda manejar la Palabra de la divinidad al instante y con total libertad, y crear el destino con mucha más facilidad que ahora.
Pero como las cosas no se logran de la noche a la mañana, lo bueno es avanzar con seguridad, con los pies en el suelo, comprobando cada paso.
Si se hace así, con el tiempo todos comprenderán el hecho de que todo el destino que los ha zarandeado hasta ahora era una realidad creada por ellos mismos, la humanidad, y llegarán a poder crear la realidad libremente con la conciencia divina.
Esto no es algo en que toda la humanidad llegue a la vez, en fila; quienes hagan suya esta verdad irán entrando en ese estado sucesivamente, uno tras otro.
Cuantas más personas vivan la conciencia del reino divino, más se transforma también el destino de la Tierra entera en uno enraizado en la divinidad; así que, sin ningún reparo, tanteen con el sexto sentido que hay en la mente el tacto de la resonancia de la verdad, capten su imagen tridimensional y conviértanla en palabras cada vez más.
Porque cuando eso se convierta en un hábito, con el tiempo la conciencia entrará en el territorio del séptimo sentido, y podrán ser personas que manejan al instante y con total libertad la Palabra de la divinidad y crean un destino de gran armonía.






